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Una
de las construcciones más suntuosas del México virreinal fue, sin duda, la
casa de los Condes de Santiago de Calimaya, hoy Museo de la Ciudad de
México. Fue edificada entre 1528 y 1531 y le fue dada en dote a Juan
Gutiérrez Altamirano, compañero de armas y colaborador de Hernán Cortés y
esposo de Juana Altamirano Pizarro, prima de Cortés. En 1616, la familia
recibió el título de Condes de Santiago de Calimaya, entre otros títulos de
nobleza.
La casa se terminó de construir en 1536, aunque dos siglos después (1779)
fue totalmente reconstruida por el arquitecto mexicano Francisco Guerrero y
Torres, quien se basó en los patrones arquitectónicos del barroco mexicano.
En 1898, Joaquín Clausell, considerado el máximo exponente del impresionismo
mexicano, contrajo nupcias con Ángela Cervantes, descendiente de don Juan
Gutiérrez Altamirano, convirtiéndose en el señor de la casa. Clausell mandó
construir dos habitaciones en la azotea de la casa, mismas que utilizó como
estudio de pintura. En estas habitaciones recibió la visita de personajes
como Diego Rivera, Roberto Montenegro, Dr. Atl y Juan O’Gorman. En este
espacio se elaboraron la gran mayoría de pinturas de caballete de Clausell.
Las paredes de los cuartos también fueron utilizadas como lienzos.
Desde 1964, la casa de los Condes de Santiago de Calimaya es la sede del
Museo de la Ciudad de México (MCM), una de las últimas construcciones
barrocas del Centro Histórico. Por 30 años se apegó al proyecto del
arquitecto Pedro Ramírez Vázquez y, desde 1997, el primer gobierno electo de
la Ciudad considera este espacio cultural como un proyecto prioritario.
Actualmente es un museo vivo que incluye el pasado, presente y futuro de la
ciudad. Ofrece al público exposiciones temporales y permanentes, mesas
redondas, conferencias, conciertos y visitas guiadas, entre otros eventos. |