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Contemporáneas a su época,
sólo cuatro ciudades europeas albergaban alrededor de 100 mil habitantes, y
Sevilla que representaba entonces la más grande en España, contaba con
apenas 45 mil habitantes. La población de México - Tenochtitlan era superior
a los 500 mil habitantes.
En esta metrópoli se desarrollo una estructura de servicios municipales que
el Viejo Continente llevaría al cabo hasta varios siglos después. En cuanto
a la limpieza, Motolinía se refería a las calles de México - Tenochtitlan
como las más limpias y barridas que "no habría que cosa tropezar y que
aunque la planta del pie fuera tan delicada, no recibiría el pie detrimento
alguno en andar descalzo. Pues qué diré de la limpieza de los templos, sus
gradas y patios que no sólo estaban encaladas sino muy bruñidas". Clavijero
estimó en mil el número de hombres que Moctezuma empleaba en la limpieza.
La sanidad estaba en una etapa mucho más avanzada que en la Europa del
S.XVIII. En las calzadas de la ciudad se disponía de mecanismos de servicio
público para recoger ordenadamente los excrementos humanos para destinarlos
a fertilizantes de suelos.
En Europa todavía no existía el concepto de alumbrado público, mientras que
en México - Tenochtitlan se iluminaban sus calles con rajas de ocote,
luminarias que como muchas otras se apagaron con la Conquista para volver a
convertirse en servicio municipal hasta 1777.
Toda aquella grandeza de México Tenochtitlán fue abatida por la Guerra de
Conquista, la cual comenzó en 1519 y terminó en 1521. Este conjunto urbano
sufriría una batalla final de tres largos meses, realizándose en su mayoría
como una auténtica batalla naval, pues aprovechando la geografía esa fue la
estrategia de Hernán Cortés. Es la única ciudad en el mundo que ha
presenciado una batalla naval a 300 kilómetros de las costas y a 2,200
metros de altura sobre el nivel del mar.
El recinto sagrado de los Caballeros Águila y Caballeros Tigre no volvería a
ver graduarse a aquellos guerreros que alcanzaban su máxima espiritualidad y
compromiso teológico con su patria, después de someterse a una auténtica
carrera para alcanzar la dualidad entre el cielo y la tierra, así como el
cuerpo y la mente.
Corrieron los ríos de sangre en lo que antes fueron aguas cristalinas; el
imperio colosal y majestuoso llegaba a su fin. El gran mercado de
Tlaltelolco no volvería a explotar ese bullicio ensordecedor que dejó
perplejos a los conquistadores, aún a aquellos que ya habían estado alguna
vez en Constantinopla.
Los templos de Quetzalcóatl y Tezcatlipoca rojo y Tezcatlipoca negro
dejarían eternamente de vigilar al frente y a los flancos los sacrificios
humanos que se otorgaban al dios y astro máximo: El sol.
Moctezuma Xocoyotzin, Cuitláhuac y Cuauhtémoc perpetuarían su nombre en la
historia como aquellos emperadores que tuvieron la difícil labor de
conjeturar aquel enigma del retorno de Quetzalcoátl. Además de la pena de
observar el paulatino deceso de la gran metrópoli que los dioses les habían
encomendado.
México - Tenochtitlan fue sitiada y destruida. Los monumentos fueron
demolidos y con sus mismas piedras los mexicas sobrevivientes tuvieron que
edificar los templos de dioses ajenos bajo la dramática e inmunda labor de
la esclavitud y sometimiento de la conquista espiritual.
Oswald Spengler escribió un réquiem a México - Tenochtitlan que bien vale en
esta ocasión, no como epitafio, pero sí como una simple reflexión acertada:
" Esta cultura es el único ejemplo de una muerte violenta. No falleció por
decaimento, no fue ni estorbada ni reprimida en su desarrollo. Murió
asesinada en la Plenitud de su evolución, destruida como flor que un
transeunte decapita con su bastón..."
"En cuanto tiempo dure el mundo, nunca se perderá la gloria de México
Tenochtitlan...": Chimalpahim
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